lunes, 17 de agosto de 2009

ficcionalizar

La nueva Caperucita Roja

Marco de Inicio
Por: Lizeth Cano Mesa
Con base en: versión original de Caperucita Roja de Charles Perrault.
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/fran/perr/caperuci.htm.

En un pueblo situado en medio de la nada, había una pequeña casa donde vivía una anciana y su pequeña hija de tan solo 106 meses de edad. La niña era la más fea que nadie antes había visto: tenía dos ojos saltones como un par de resortes, nariz achatada con un trozo de lata incrustada, orejas alargadas que alcanzaban la altura de sus angostos hombros y, dientes tan puntiagudos, que parecían picas de flechas asomadas. Sin embargo, era la más amada y admirada por los que allí habitaban.
Un día cualquiera, su madre le regaló una caperucita roja que había tejido con hilos de pelo felino, y desde entonces a la pequeña la llamaban Caperucita Roja.
Al pasar el tiempo, las horas y los ocasos, la niña no se separaba de su caperuza; pues era tal el apego que incluso esta ya se estaba encarnando y convirtiendo en su peluda y frágil piel.
Ansiosa después por ir a visitar a su abuela y mostrarle su nueva apariencia, Caperucita decidió hacer unos pastelillos en ayuda de su mamá y tan pronto terminó, emprendió su viaje.
En el camino, sentado al lado de un carro abandonado, se encontraba el tan mencionado lobo feroz. Era apuesto y atractivo, su tamaño era poco visto, y ni hablar de los músculos de sus pectorales que se marcaban.
Perpleja con la apariencia del galán, la niña se acercó meticulosamente y entabló una conversación con él.
-¿para dónde vas? Preguntó sin vergüenza el lobo feroz.
-iré a visitar a mi abuelita para llevarle algunos detalles-respondió rápidamente Caperucita, temerosa porque nunca había visto delante de si tan majestuosa e imperante imagen.
-Vive en la punta de aquella colina que se ve a lo lejos.
Y el lobo aprovechándose de ello le dijo:
-Si tomas aquel camino llegas más rápido, incluso no sentirás la subida de la colina que se hace tan agotadora. Al terminar, el lobo salió tan a prisa que cuando la niña volteo a mirar, ya no había nadie por allá.

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