La gallina degollada(Resumen)
Tema: Volver a contar
Texto: La gallina degollada
Autor: Horacio Quiroga
Fuente bibliográfica:
http://www.analitica.com/bitblio/hquiroga/gallina.asp-30kPasaban todo el día sentados en un banco de madera, en frente de una cerca rodeada por ladrillos, que a su vez, permitía la mirada ante la caída desplegada del atardecer. Sus pupilas se dilataban y excitaban cada vez que colores brillantes se posaban en sus miradas, sus gemidos estallaban y, por su boca que permitía la salida de la lengua, no brotaba otra cosa que espesa saliva.
Eran cuatro estúpidos, que un día fueron el mayor anhelo fraternal de sus progenitores. El mayor de ellos tenía 12 años, mientras que el menor tan solo 8.
Mazzin y Berta, eran una joven pareja que ansiaban asilar el egoísmo marital. Él tenía 28 años de edad, y ella respectivamente 22.
Un día, saciados de pasión y amor, recibieron su primer varón. El niño era dotado de hermosura y una gran dulzura. Sin embargo, cuando tenía apenas 15 meses algo extraño lo sacudió. Fuertes convulsiones recorrieron el pequeño cuerpo y dejaba en parálisis sus extremidades. La situación fué compleja, pero después de varias horas todo volvió a la normalidad; o por lo menos la dinámica corporal, porque el pequeño desde entonces no volvió a pensar, y la cierta vitalidad que tenía empezaba a faltar.
El médico lo examinó, y lo único que descubrió fue un soplo de pulmón heredado por su madre. Mientras que del trastorno, aun no había explicaciones médicas confortables.
El sentimiento de fracaso maternal se empezaba a notar, al tiempo que el monstruo trataba de caminar.
Como era de esperar, la oportunidad en el matrimonio se volvió a presentar. Y ansiosos de un nuevo comenzar, vieron a otro varón gestar.
El pequeño era normal, aunque sus padres no dejaban de pensar en una situación similar.
Transcurridos 18 meses de vitalidad, la línea de herencia se precipitaba, y una vez más, tal cual el primer tonto, el niño quedó torpe y sin soporte, sin importar las constantes súplicas celestiales de sus progenitores.
Las esperanzas se removían, el desespero los poseía y, el desprecio ante los dos bobos cada vez crecía.
El tiempo supuraba nuevos alientos de deseos, y aunque patentes los resultados de los primeros intentos por parte de Mazzini Y Berta, las secuelas previstas desde el vientre, dejaron salir dos mellizos. Mellizos que pasaron ante la mirada de posible diferencia para sus padres, pero que al igual que los demás, terminarían con el ciclo igual.
Habiendo pasado tres años, el matrimonio, cada vez mas desgastado por el inútil intento de crear un bebe normal, lo volvieron a intentar en medio de una ardiente plan.
Nació una niña –por fin una niña- que a medida que crecía demostraba que la agonía había llegado a su final. La atención era totalmente atraída por ella, mientras que los bobos a cuidado de María la criada, eran dejados atrás y sin pesar.
Un día a causa del afecto alcahueta de los padres, una sobredosis de dulces hizo su efecto sobre la niña, precipitándolos a los peores pensamientos.
En esas Mazzin y Berta no pudieron hacer otra cosa que llenarse de culpabilidad. Insultos venían, palabras salían y después de un grito de la pequeña enferma, el silencio dejó atrás tal altanería. Al final, todo resultó ser solo un falsa sobresalto, y desde entonces la reconciliación se construyó nuevamente entre los dos esposos.
Una mañana, María tomó una gallina, se dirigió a prepararla por órdenes de la dama de la casa; entró a la cocina y la degolló. La respiración de los tontos sacudía el cuello de la sirvienta, quien al voltear y verlos se asustó.
-señora Berta, los niños están en la cocina y me han visto degollar a la gallina -gritó la criada despavorida.
-sácalos de allí de inmediato –dijo también preocupada y aterrada la madre de los niños ya olvidados por tontos.
A empujones María los llevó nuevamente al banco, y mientras tanto los padres y Bertita la niña salían.
Al llegar nuevamente del paseo, los padres pasaron a saludar unos cuantos vecinos, y Bertita por su parte, aprovechó para ir corriendo al patio donde estaban sus cuatro hermanos. La niña se montó en el banco que estaba enfrente de ellos, y trepó a la cresta de la cerca.
Ocho pupilas se dilataban, y la saliva destilaba. Eran los cuatro tontos que estaban pendientes de su hermana.
Llegaron por su espalda, la tomaron de sus piernas y de jalones la tiraban.
-mamá, papá –gritaba aterrada y desconsolada la niña, pero en vano sus alaridos los tontos cortaron el último suspiro.
-ma-.
Halaron su cuello, y la arrastraron por el patio de sus extremidades. Dirigiéndose a la cocina donde vieron fallecer a la gallina.
Mazzin y Berta habían escuchado sus primeros llamados, pero sin pensar en nada malo, continuaron unos minutos hablando.
Después de un momento el papá estaba preocupado, se dirigió a la casa seguido de su mujer, y llamaba con gritos generados por los presentimientos a la pequeña Bertita.
Vió un mar de sangre que atravesaba la rendija de la puerta de la cocina, la abrió y descubrió el degollado cuerpo de su hija.
-no entres aquí –dijo Mazzin a su mujer, quien al ver la sangre que destilaba, mandó las manos a su cabeza y dió un ronco suspiro.