viernes, 9 de octubre de 2009

Fotografía Jesús Abad Colorado


Tomado de: http://www.studio-international.co.uk/studio-images/maco/mujeres_b.asp
Edición 5/5. Fotografía blanco y negro, Edición 5/5. Impresión de pigmentos de carbono sobre papel PH neutro de alta calidad, 19 5/8 x 29 1/8 inches (50,0 x 74,0 cm). Quinta Galería


LA REALIDAD DETRÁS DEL CRISTAL


Las sonrisas de los niños dibujaban la esperanza cada vez que la campana de la escuela sonaba, a las 5 de la tarde en el momento en que las familias se refugiaban en sus casas para descansar o quizás para escapar a la situación que días atrás estaba sacudiendo la tranquilidad de La Comuna 13.
El 21 de julio del 2002, habían llegado al barrio tipos de aspecto un poco raro que no tardaron mucho en volcar la seguridad implantada por el CAI. Eran aproximadamente 20 jóvenes entre unos 17 a 25 años de edad, dirigidos por quien se hacía llamar “don Tulio”.
Don Tulio, un hombre robusto y barbado, de piel morena y una cicatriz que le atravesaba el ojo izquierdo (el cual cubría con un parche), tenía 45 años. Siendo aun menor de edad, se puso a trabajar con droga y poco a poco se fue ganando el respeto por la comunidad que aunque conocía de sus andanzas, no se atrevían a comentar nada.
A partir de la llegada de “Los Yepes” como se identificó el nuevo grupo armado al margen de la ley, la comuna trece dejó atrás la serenidad, convirtiendo cada rincón de barrio en un sitio peligroso y difícil de transitar.
Muchos de los niños y jóvenes dejaron de asistir a clase; las personas temían por su seguridad ya que a cualquier hora del día el cruce de balas entre la policía y “Los Yepes” los podía dejar tirados en una esquina.
Para el 19 de agosto de ese mismo año 10 personas habían sido asesinadas, dentro de las cuales se encontraba Juan Londoño, un joven de 16 años estudiante del colegio El Rosario que después de tres días de desaparición, fué encontrado a orillas del rio Medellín. Era fácil suponer que los implicados en el crimen habían sido “los yepes”, puesto que días a tras su madre Berenice había señalado a viva voz la denuncia de algunos de la banda.
El joven tenía dos dedos mutilados de la mano izquierda (índice y medio); sus brazos y piernas tenían la señal de haber estado amarrados y la camisa blanca que llevaba la mañana en que desapareció, estaba manchada con sangre, lo cual atrajo a los gallinazos y muy pronto la atención de algunas personas que descubrieron el cuerpo descompuesto.
-Doña Berenice mi más sentido pésame por la muerte de su hijo; es una pena que se nos haya ido el muchacho- Dijo Tulio-pero mi señora a usted le habían advertido y “guerra avisada no mata soldado”.
El 15 de enero, como muchos otros habitantes de la comuna, doña Berenice decidió desplazarse del barrio, en vista de que los crímenes y el vandalismo seguían imperando, aún por delante de los ojos de los mismos policías que custodiaban “la tranquilidad” sectorial.
Para el miércoles 17 de diciembre del año 2005, hacia las 7 de la noche y mientras las familias celebraban las novenas de aguinaldo, un fuerte sonido estremeció los rincones del barrio, y mientras tanto por las calles bajaban hombres encapuchados y armados que no tardaron en identificarse como “Los Orión”. Con la excusa de que venían a “limpiar” iniciaron un tiroteo que dió de baja a muchos de los integrantes de “los yepes” y posteriormente la captura del líder de la banda Marco Tulio Zuloaga Núñez.
Desde entonces, la alegría que estaba empañada por miles de lágrimas derramadas por los habitantes de La Comuna 13, había vuelto; ofreciendo un nuevo aliento de esperanza y progreso para cada una de las familias que en un entonces se vieron afectadas por aquella guerra que no parecía tener fin.
Hoy los niños, jóvenes y padres que antes temían asomarse por la ventana con el temor de perder su vida por una bala, sonríen plácidamente encarando con optimismo, el nuevo presente.

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